Qué pesadilla con la Física y la Química, y para septiembre… como si no hubiéramos tenido ya bastante durante el año… En fin, por los apuntes que veo, tampoco debiera sorprenderme… y sin embargo, sé que se merece tanto el aprobado…. La vida puede ser tan injusta… Menos mal que ha conseguido los de una compañera. ¡Y menudos apuntes tiene la chica; más bien son una obra de arte en tecnicolor! Los he llevado esta mañana a fotocopiar, y están tan primorosamente hechos que he pensado fotocopiarlos en color, pero he cambiado de idea al enterarme del precio de los 30 folios.
Mientras salían en blanco y negro, la señora que me seguía en la cola pedía que le fotocopiasen en color un billete de 50 euros, pero el hombre le ha dicho que lo tienen prohibido. Ella insistía en que, por favor, se lo fotocopiasen, que era para una señora que le estaba dando muchos problemas con el dinero… Tras preguntarle, casi con una afirmación, si la señora tenía Alzheimer, le he contado que mi madre le daba a mi padre billetes de juguete… A la señora se le ha iluminado la mirada, y sin decir ni “adiós” ha salido escopeteada de la tienda…
Mientras salían en blanco y negro, la señora que me seguía en la cola pedía que le fotocopiasen en color un billete de 50 euros, pero el hombre le ha dicho que lo tienen prohibido. Ella insistía en que, por favor, se lo fotocopiasen, que era para una señora que le estaba dando muchos problemas con el dinero… Tras preguntarle, casi con una afirmación, si la señora tenía Alzheimer, le he contado que mi madre le daba a mi padre billetes de juguete… A la señora se le ha iluminado la mirada, y sin decir ni “adiós” ha salido escopeteada de la tienda…
La verdad inventada: “Bailando con la más fea”
A mis padres y a todos los que han pasado, pasan y pasarán por lo mismo,
enfermos y cuidadores.
Con toda mi admiración y cariño.
Al son de una canción de letra triste y ritmo alegre, ambos bailan:
“Tengo la camisa negra
hoy mi amor está de luto
Hoy tengo en el alma una pena
y es por culpa de tu embrujo.
Hoy sé que tú ya no me quieres
y eso es lo que más me hiere
que tengo la camisa negra
y una pena que me duele..."
hoy mi amor está de luto
Hoy tengo en el alma una pena
y es por culpa de tu embrujo.
Hoy sé que tú ya no me quieres
y eso es lo que más me hiere
que tengo la camisa negra
y una pena que me duele..."
Se ha empeñado en sacarme a bailar, con el calor que hace… Pero en fin, a ver cómo le digo yo a esta señora que no, con lo que me cuida y lo atenta que es conmigo todo el tiempo… Me ha traído unas tostadas con mantequilla y mermelada de fresa y un café con leche, para merendar, en una bandeja con su mantelito y su servilleta, tan primorosa y amorosamente…; y la verdad es que estaba todo tan bueno…, pero ¡qué pesadilla de mujer, qué pesada, qué insistente! No sé qué voy a hacer ya para librarme de ella… No me deja en paz, todo el día detrás, y cada vez que, por fin, me voy a ir de esta casa, me sale por peteneras y me mete otra vez para adentro. ¿Por qué le costará tanto entender que, en algún momento, me tendré que ir?
Me da la impresión de que debe de estar muy sola, si no, no sé por qué se habrá encariñado tanto conmigo; es que me parece incomprensible... Yo soy amable y bien educado con ella, es mi manera de ser; aunque quiera, no puedo evitarlo, y si estoy en casa ajena, y además me procuran tantas atenciones (aunque me sobren todas o casi todas…) el agradecimiento me sale solo… En fin, a ver si viene alguien de su familia, si es que la tiene, o amigos, o vecinos, o quien sea, y se olvida un poco de mí...
No entiendo por qué me tiene como prisionero en su casa; cada vez que me quiero ir, alguien lo evita, y no comprendo por qué me trata con tanta confianza, incluso tuteándome, si yo no me tomo esas libertades con ella; pero la última vez que he intentado irme, ya quitándomela de encima, como el que se quita a una mosca cojonera, se ha puesto a lloriquear, y no he tenido más remedio que rendirme…, a ver… ¡Qué pesadas son las mujeres, qué cruz! ¡Mira que me ponen malo los gimoteos…: “Que estoy muy cansada, Manolo, no me hagas ésto ahora, por favor, con el calor que hace; anda, vámonos para adentro, o por lo menos, a la sombra, que mira cómo sudas”…! Pero cómo no voy a ceder ante esta señora, que ella sabrá quién es y qué quiere de mí, si igual y me monta un número de los que hacen época o no, la verdad es que no sé por dónde puede salir; pero, desde luego, no está por la labor de dar su brazo a torcer… Eso, con el carácter que parece tener, lo ha dejado bien claro…
Si serán imprevisibles las mujeres, que ahora le ha dado por bailar… La verdad es que la canción es bonita, el ritmo es agradable y la mujer también, y si no fuera por la preocupación que tengo, podría decir que hasta estoy disfrutando. Por otro lado, parece que esta mujer necesita tanto una alegría, que la verdad es que me veo obligado a hacerle creer que me apetece bailar… Además, me da pena de ella: a pesar de que no disimula mal, se la nota muy sola, como si tuviera una preocupación muy grande o una pena profunda, como si se sintiese incomprendida y necesitase olvidar sus preocupaciones, aunque sólo sea mientras dura esta canción, y en fin, si hay que hacer algo, es preferible hacerlo de la mejor manera posible, de buena gana y con una sonrisa. Todo en esta vida hay que hacerlo con amor, para que salga bien.
El caso es que aquí me veo, en este jardín, con las verjas cerradas por todas partes, como en una cárcel, con una señora que intenta (y consigue) imponerme su voluntad, y no sé cómo salir de ésta… Por otra parte, tampoco sé muy bien a dónde ir ni con quién. Y mientras tanto, Pepa me estará esperando, y sé que el resto de la familia se estará preguntando dónde me he metido; y con la cabeza que me va a reventar con tantos problemas como tengo, con este desasosiego, sin saber cómo ni por dónde me habré metido en este zarzal del que no puedo salir y al que nadie puede entrar, aquí estoy, sin defensas, sin poder escapar. Me siento, como en un callejón sin salida, como en una encerrona, como cuando sin comértelo ni bebértelo, te toca quedarte bailando con la más fea…
¡Lo que me ha costado levantarlo del sillón, pero parece que está disfrutando, y que podemos hacer algo agradable, para variar! ¡Algo agradable…! Eso sí que lo tenía ya olvidado… Olvidar… ¡Ojalá pudiera olvidar que olvidas, Manolo!
Yo, sin embargo, no puedo olvidar tantas cosas vividas; lo bien que lo hemos pasado cuando éramos jóvenes y salíamos todas o casi todas las noches, qué época tan divertida, y tan maravillosa, a pesar de la cantidad de trabajo que teníamos, tú con tus negocios y yo con la patulea de chiquillos que llevábamos a cuestas… Pero qué bien lo bailábamos todo cuando nada dolía…
Lo que habremos pasado; tanto trabajo, tanto esfuerzo, tantos problemas, tantas preocupaciones, tantos sinsabores, tantas injusticias, ¡y de todo hemos salido!; tantos éxitos a base de trabajo y más trabajo; tanto como hemos sufrido y disfrutado, querido y disfrutado, amado y disfrutado, vivido y disfrutado… Y colorín colorado, este cuento se ha acabado…
Está claro que si la vida te lo permite, es OBLIGATORIO aprovechar cada segundo de dosificada felicidad. Así, mejor pisotear el pesar, al ritmo de esta canción y disfrutar el momento, aunque te confieso, Manolo, y te juro, que “…hoy tengo en el alma una pena y es por culpa de tu embrujo…”
Qué maldición de enfermedad, mi chico, qué despropósito, que ha convertido esta casa en un zarzal del que ni tú ni yo podemos salir y al que los demás no saben entrar, con ese maldito “embrujo” que, robándote la memoria, todo te lo roba y nos impone su martirizante y loca voluntad...
Quién me iba a decir a mí, que, después de tantas batallas y guerras ganadas, después de tantos llantos, de tantas carcajadas, después de tanto saber, de tanto vivir… me iba a encontrar yo aquí, presa de una pesadilla inmensa, infinita, bandeándome por el alámbrico camino inescrutable del Alzheimer, sin desfallecer y hasta que Dios quiera, bailando con la más fea…
VALE.
K.
K.
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