viernes, 13 de febrero de 2015

"La Luna"

A veces, cuando la paciencia parece agotarse, y la impotencia te desgarra la capacidad de aguante, te dan ganas de irte de este mundo, cuanto más lejos, mejor.  Así que hoy he salido de casa y he echado a andar y a andar y a andar…  La Luna no es un mal sitio.


               LA VERDAD INVENTADA:  “LA LUNA”


(A mi abuela Concha, que siempre sintió una fascinación misteriosa por la Luna).


En mi viaje a la Luna, últimamente, no he encontrado ni un solo imbécil, ni un cretino, ni un solo sinvergüenza, ni tipo alguno de ser odioso, tedioso o asqueroso, de esos que tanto abundan por la Tierra.  Sólo me he encontrado con mi perra que se empeñó en dejar, como firma, su huella.  Yo, como me trasladé en estado gaseoso, no pude hacer lo mismo, y no he dejado allí nada más que el final invisible de mi presencia. 

Tras permanecer durante tres milenios en el satélite, acompañada de su perfecta soledad, oscuridad y silencio, como únicos habitantes del blanco lunar sobre el inmenso negro,  he recobrado mi estado físico habitual, cayéndome por el precipicio de la cama, a la realidad más dura, humana y absoluta…

Esto de despertarme es una imbecilidad que me ocurre día tras día, sin poderlo evitar de manera alguna, y todo para aterrizar en el sueño maldito de una realidad que no me gusta, con lo maravillosa y perfecta que es la realidad soñada. 

Una, y otra, y otra vez más, y gracias a la física cuántica, mis huesos dan, a un mismo tiempo, con el frío y duro manto terrestre, por un lado, y por el otro, con la cálida y esponjosa superficie lunar que mi estado gaseoso no llega a rozar.  No obstante, cada día, mis huesos se duelen más de mis aterrizajes obligados por la ineludible fuerza gravitatoria, mientras los alunizajes, etéreos, se apoderan, cada vez con mayor ahínco, de mi alma, de mi pensamiento, de mi ser, flotando libremente e ingrávidos en la irrealidad de la perfección, donde mis huesos caen sobre una nube suave y acogedora que los envuelve dulcemente.  


VALE.


K.

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