A veces, cuando la paciencia parece
agotarse, y la impotencia te desgarra la capacidad de aguante, te dan ganas de
irte de este mundo, cuanto más lejos, mejor.
Así que hoy he salido de casa y he echado a andar y a andar y a andar… La Luna no es un mal sitio.
LA VERDAD INVENTADA: “LA LUNA”
| (A mi abuela Concha, que siempre sintió una fascinación misteriosa por la Luna). |
En mi viaje a la Luna, últimamente, no he encontrado ni
un solo imbécil, ni un cretino, ni un solo sinvergüenza, ni tipo alguno de ser
odioso, tedioso o asqueroso, de esos que tanto abundan por la Tierra. Sólo me he encontrado con mi perra que se
empeñó en dejar, como firma, su huella.
Yo, como me trasladé en estado gaseoso, no pude hacer lo mismo, y no he
dejado allí nada más que el final invisible de mi presencia.
Tras permanecer durante tres milenios en el satélite, acompañada
de su perfecta soledad, oscuridad y silencio, como únicos habitantes del blanco
lunar sobre el inmenso negro, he
recobrado mi estado físico habitual, cayéndome por el precipicio de la cama, a
la realidad más dura, humana y absoluta…
Esto de despertarme es una imbecilidad que me ocurre día
tras día, sin poderlo evitar de manera alguna, y todo para aterrizar en el
sueño maldito de una realidad que no me gusta, con lo maravillosa y perfecta
que es la realidad soñada.
Una, y otra, y otra vez más, y gracias a la física
cuántica, mis huesos dan, a un mismo tiempo, con el frío y duro manto terrestre,
por un lado, y por el otro, con la cálida y esponjosa superficie lunar que mi
estado gaseoso no llega a rozar. No
obstante, cada día, mis huesos se duelen más de mis aterrizajes obligados por
la ineludible fuerza gravitatoria, mientras los alunizajes, etéreos, se
apoderan, cada vez con mayor ahínco, de mi alma, de mi pensamiento, de mi ser,
flotando libremente e ingrávidos en la irrealidad de la perfección, donde mis
huesos caen sobre una nube suave y acogedora que los envuelve dulcemente.
VALE.
K.
VALE.
K.
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