Meditando sobre los años que me van encorvando la espalda, he llegado a la conclusión de que la vida es una sorpresa tras otra llena de peripecias y anécdotas. He sido testigo de magníficos inventos y avances que han revolucionado la vida en el planeta Tierra, como por ejemplo, la llegada del hombre a la Luna, y todo lo que ello significa. Por lo demás, los sucesos y los acontecimientos vividos a lo largo de mis años, son nimios, si los comparamos con los experimentados por una octogenaria, cuya vida (que incluye, además, la mía completa), ha supuesto toda una revolución interna y social casi constante y de tal magnitud, que le ha requerido una capacidad de adaptación muy próxima a la del camaleón más perfecto.
El octogésimo cumpleaños de mi madre me inspiró el siguiente discurso:
(A mi madre, en su octogésimo cumpleaños,
que nació un tal día de San José.)
PREVIO:
Quisiera, en primer lugar, agradeceros a todos vuestra importantísima presencia; especialmente a los que venís de fuera de Madrid: Santiago de Compostela, Málaga, Alicante, Cazorla, Sevilla, etc.
Sin embargo, lamentamos mucho la falta de algunas personas que no han podido acudir; sobre todo, la de mi tía Conchita, a la que echamos especialmente de menos ya que, desafortunadamente, es la única representante que nos queda de la familia primaria de mi madre. Pero es que cuando los huesos se ponen en huelga… no hay quien baile… Esperamos que se mejore pronto, de todos sus males.
Nos acordamos, especialmente, de los hermanos de mi madre, mi tío Antonio, persona entrañable y encantadora, y sumamente interesante, que contaba las peripecias de la posguerra como nadie, y más aún, de mi tío Gabriel, ya que tuvimos la inmensa suerte, de tenerlo, ¡hasta en la sopa!, conviviendo con nosotros durante un buen montón de años.
Ya os podréis imaginar, cómo echamos de menos a mi padre, en estos momentos tan bonitos para nosotros y que tanto habría disfrutado él. De hecho, tengo que confesar que, tras mucho pensar, mi hermana Lola dijo que deberíamos dejarnos iluminar por su recuerdo, para intentar imaginar lo que él hubiera hecho: celebrar este cumpleaños, reuniendo a las personas más principales en la vida de mi madre: de ahí, la importancia de vuestra presencia.
Faltan muchos más, a los que no quiero nombrar, pues la longitud de la lista, sin duda, nos podría poner bien tristes, y no es cuestión... No obstante, aunque faltar, faltan, estar, ESTÁN.
D I S C U R S O:
Octogenaria, ¡No es un insulto! Es un palabrotón que engloba nada menos que ocho décadas acumulando conocimientos, experiencias, historias… vida, que te permite adquirir la perspectiva adecuada, y así ver y valorarlo todo, desde la sabia atalaya de los años.
Obviamente, a semejante altura, se otea, con facilidad, lo que de verdad importa; qué novedades no son disfraces, ni engañifas y por lo tanto, merecen ocupar tu tiempo y esfuerzo por hacerlas tuyas, etc. Estas, y otras, son ventajas que se adquieren a base de “coleccionar años”.
Esto de “coleccionar años” parece que suena un poco a “viejo pellejo”... Sin embargo, según voy avanzando en el tiempo, tengo más claro que la edad te va enseñando y preparando para ser: UN JOVEN PERFECTO.
Así, el JOVEN PERFECTO:
Sigue teniendo libros en la mesilla de noche, a la espera de ser leídos;
Sigue pensando en la próxima reforma que va a hacer en su casa;
Sigue haciendo experimentos sobre la colocación de los muebles, alfombras, tapicerías, etc. Cambia los cuadros de sitio.
Sigue aprendiendo, pero sólo lo que le interesa, porque conserva intacto su espíritu aventurero y creativo.
Sabe quitarle importancia, como nadie, a lo que no la tiene.
Se recicla utilizando los medios que la tecnología le permite, si le son útiles;
Prueba nuevos productos que le facilitan la vida, y hasta nuevos alimentos…
Y es que la experiencia, te vuelve vanguardista, te aporta tranquilidad y te permite preocuparte sólo de lo verdaderamente importante.
Sigue manteniéndose vital, EL JOVEN PERFECTO, porque la vitalidad, como su raíz indica, tiene mucho que ver con la vida, y espanta la depresión, la pena, la melancolía, fomentando la alegría de disfrutar de lo que se puede, de lo que se tiene, de lo que se quiere, de lo que se comparte, y siempre con la máxima intensidad posible.
Sigue más vital que nunca, EL JOVEN PERFECTO, yendo a caminar, nadando (tengo que decir, porque si no reviento, que mi madre es la única octogenaria que he conocido en mi vida, que aún se sigue tirando de cabeza a la piscina; pero literalmente, vamos, que no es “un decir”…); sigue yendo al cine, al teatro, a conciertos; en el caso de mi madre, reuniéndose por aquí y por allá con sus amigas, tan importantísimas para ella; tan importantísimas para nosotros, sus hijos…
Sigue vital, incluso hasta cuando se queda en casa, sentada en su sillón, leyendo, viendo la tele, mandándonos informaciones interesantes por e-mail, o navegando por Internet; montando en bicicleta estática, cosiendo, haciendo jerseys y ropa de bebé que da a instituciones benéficas para las madres solteras o en apuros, reparando, subiendo o adecuando los bajos de las prendas de sus nietas, (más subiendo que bajando…), disfrutando de sus nietos más pequeños y sobre todo de su bisnieta Lucía, que la tiene totalmente alucinada, o dejándose llevar a otro mundo que es perfecto, porque está diseñado por ella misma a través de la pintura, al mismo tiempo que interactúa con el locutor de radio de turno, opinando o llevándole la contraria, si se tercia…, o escuchando su música favorita mientras pinta… En definitiva, disfrutando de su vitalidad, de su vida.
Y es que está claro que la vitalidad quita años A ESPUERTAS; A ESPUERTAS, digo. De hecho, puedo contar, para que sirva de ejemplo, que mi madre tiene un vecino, amigo muy querido de toda la familia, por la maravillosa compañía que significó para mi padre, en sus peores años, y la ayuda tan grande que supuso para mi madre, al que no hay quien le eche un galgo…
Este chaval, NO-NA-GE-NA-RIO, llamado Sabino, ¡no tiene ni-un-mi-nu-to-que- per-der!. Para que sirva de ejemplo, a los que vamos para JÓVENES PERFECTOS, digo que: Lo mismo escribe poesía, que escribe guiones, que obras de teatro, que lee, que utiliza todo tipo de herramientas electrónicas, que se para a hablar con un vecino, que le resuelve los problemas a la comunidad de propietarios que preside en el edificio en el que vive desde hace años, porque no hay quien lo sustituya, o está pidiendo presupuestos y peleándose con unos y otros para conseguir lo mejor para todos, etc, etc, etc. ¡Menos mal que no trabaja!
Y si me dijeran que tiene novia, no me extrañaría nada, porque no sólo es apuesto, de buen tipo y porte, sino que además, es la personificación del encanto personal, con una educación formidable, culto pero no pedante, con una conversación inteligente y amena, divertida, interesante; con un sentido del humor lleno de ingenio y alegría, y siempre dispuesto a echar una mano en el momento en el que se le pida, con la mayor de sus sonrisas… ¡Todo un ejemplo! Vamos, que si no tuviera novia…, mamá… En fin, yo no digo nada…
Es bien sabido, además, que la claridad de pensamiento mantiene la inteligencia y el alma joven, aunque, como os ocurre a casi todas, estáis en constante guerra con el cuerpo; ese cuerpo torero que, aunque se lleva con ese estilo que ustedes-vosotras gastáis, y con esa clase, os tiene sometidas a la dictadurísima del peso del paso de los años, y no hay quien os libre de uno u otro achaque o dolorcillo matador, cada vez que se nubla el cielo…
Y eso que, la gran mayoría de las octogenarias presentes sois medio biónicas; ¡la mitad de vuestro peso es en hierros! Habría que ver la cara de los guardia civiles de turno en el control de un aeropuerto cualquiera, con todos los radares disparando pitidos, a diestro y siniestro, a vuestro paso por allí… No se os ocurra nunca juntaros, en semejante situación, si no queréis pasaros tres meses convenciendo a los GEOS de que no sois terroristas… que no está el horno para bollos…
Y cuando pienso en todas vuestras prótesis, y sobre todo, en esos malditos dolores de articulaciones, y demás, me acuerdo irremediablemente de mi padre, que, por ser absolutamente resolutivo, diría lo siguiente:
“¡Hay que cortarle las piernas a todas y ponerles las prótesis de Pistorius, ya”!
Eso sí, habría que recubrirlas, en forma de piernas con pies bien acabados, para poder llevar buenos y bonitos zapatos de tacón, aprovechando que el dolor de juanetes habría pasado a la historia…, bien acorde con el pintón que todas estas señoras se gastan, a las que siempre da gloria ver y admirar, por su estilo y derroche de buen gusto, como se puede comprobar. Y es que, como no hay moda que las engañe, se visten como nadie…
El único problema es que, con todos esos años de juventud acumulada y esa vitalidad que les sale tan de adentro, a ver quién es el guapo que les seguía el paso…
Cuando hago recuento de las situaciones por las que un octogenario ha pasado, en la vida, me resulta muy difícil creer, ¡aún sabiéndolo!, que hayáis vivido tantísimo en tan poco tiempo. Me explico:
Nacisteis justo antes de que una guerra civil, de tres años, reventara España.
Luego vivisteis cerca de 40 años de dictadura, con su posguerra y todo…
Luego, una transición política inmersos en una sociedad asustada que no sabía qué podría ocurrir a continuación, y por último, otros cerca de 40 años de altibajos democráticos, en los que finalmente, todo el mundo tuvo voz y voto, para terminar por ver, con vuestros propios ojos, lo bien que le queda la coleta a algún que otro ente melenudo…
Y yo me pregunto: ¿Un octogenario, de verdad tiene 80 años? ¿No serán 300? Porque la vida ha cambiado de tal manera, en tan poco tiempo, que, si uno echa la vista atrás, hacia vuestra juventud y vuestra infancia, parece que nos asomáramos a un abismo formidable y vertiginoso, por tantísimo como ha llovido.
Las mujeres, concretamente, sois un enorme ejemplo para todos, porque:
Aprendisteis a vivir en una sociedad que os sometía a la dictadura de una mentalidad que os situaba muy por debajo del lugar que os correspondía; os sometía a toda una colección de viejas costumbres heredadas de generación en generación que os ataba de pies y manos y os robaba la Libertad. A todo esto se le sumaba una manera de entender la religión, en dicha sociedad, que en muchas ocasiones fue muy dañina e injusta, sobre todo con la mujer, por no mencionar toda una herencia de comportamientos inflexibles, en general, que eran muy represivos, para todos, pero sobre todo, para vosotras, cuya vida, si no transcurría a la sombra de un hombre, casi no tenía sentido. La que se quedaba soltera no tenía más función que la de “vestir santos”…, o estar al servicio de sus mayores a perpetuidad, sin oportunidad alguna de hacer su propia vida, o realizar sus propios sueños, salvo rarísimas excepciones. Y todo ello, enmarcado en la penosa situación que aporta una guerra civil y una posguerra castigada por el hambre, la miseria, y el dolor de los recuerdos.
En fin, podría decir mucho más, y vosotras…, ¡ni os cuento! No obstante, esto no pretende ser un “meeting” político, pero la verdad es que tiene mucho que ver con vuestra vida, qué queréis que os diga…
Mi intención no es otra que tratar de explicar, de alguna manera, que siento un profundísimo agradecimiento por todas las personas que me han precedido en la vida, que me han ido abriendo caminos, y muy particularmente, le estoy inmensamente agradecida a las mujeres octogenarias, por el formidable trabajo, esfuerzo, sacrificio, injusticias encajadas, sinsabores, paciencia y comprensión que habéis cargado siempre sobre vuestras espaldas, (¡cómo no os van a doler las piernas…, ¡por los clavos de Cristo!!).
Todo esto ha servido para empujarnos, y defendernos a las que veníamos detrás, de manera que con vuestra ayuda y nuestro esfuerzo pudiéramos crearnos unas alas inmensas e inquebrantables de Libertad que, sin duda, os debemos.
Sinceramente, no hay herencia más valiosa ni amor más grande que ésto; y lo habéis hecho en silencio, sibilina y suavemente, como el que no quiere la cosa… dándonos una importantísima lección de toreo y feminismo del bueno…
Lo que habéis hecho por todos, junto con vuestros maridos, y muy particularmente por nosotras, es verdaderamente impagable, y no sólo se merece todo nuestro respeto, admiración, cariño y gratitud, sino también está ovación que, en este momento, me atrevo a pedir, para todos los octogenarios presentes:
A P L A U S O
Ya para concluir, me gustaría dirigirme, en nombre de mis hermanos y en el mío propio, a nuestra octogenaria preferida, para pedirte que, por favor, te cuides muchísimo siempre, porque tú has sido siempre, eres y serás una persona importantísima para nosotros y queremos disfrutarte muchos años más, en el mejor estado posible, para poder seguir disfrutando de la vida plenamente, o sea, CONTIGO. Sabe, que te queremos mucho muchísimo.
Aquí y ahora, si alzáis vuestras copas, me gustaría brindar por todos los octogenarios presentes y futuros, nuestro nonagenario preferido, y muy particularmente, por mi madre, que se estrena en estas lides:
¡VIVA LA MADRE QUE ME PARIÓ!
¡VIVA!!
(Brindis)
K.

No hay comentarios:
Publicar un comentario